Bernardo Muñoz Carvajal

Espacio personal de Bernardo Muñoz.

Mes: octubre 2018

la importancia de la portada en un libro.

Portadas

Portadas de libros

La portada es el principal reclamo de un libro. Cuando hablamos de autores poco conocidos, de ella dependerá , casi en exclusiva, la responsabilidad de atraer la atención del lector.

Como es lógico, una buena portada no es sinónimo de éxito. En tal caso, los editores se gastarían la pasta en fichar a diseñadores gráficos y no a escritores. Pero sí resulta esencial para destacar de entre el resto de obras con las que comparte espacio en la librería. Otras características también aportan mucha información:  editorial, número de páginas, diseño de la colección y, claro está, el texto de cinta y contraportada. Pero para transmitirla, es necesario que el lector potencial haya decidido ya tomar el libro entre sus manos. Un acto que, a falta de un nombre conocido que actúe como vocero, recaerá en la portada.

En breve os mostraré en exclusiva la portada de “El enigma Recasens”

Debo reconocer que me siento muy satisfecho con la imagen que ofrecerá el libro.  Desde su sencillez, creo que ha sabido transmitir la atmósfera de la novela.

Espero que os guste. En todo caso me encantará conocer vuestra opinión.

PS. Para quien quiera saber más sobre qué hacer y qué no hacer en una portada, dejo enlace a este estupendo artículo.

Libros que huelen

Aroma de libros

Libros que huelen

Han sido varias las personas que, a lo largo de mi vida, lograron contagiarme su pasión por las artes gráficas. Pero ninguna como José VIcente Crespo, un tipo capaz de oler un libro y reconocer su imprenta.

No es ninguna exageración. José Vicente acercaba un libro nuevo a su experta nariz y sabía decirte si había salido de las entrañas de Printer, Cayfosa, Gráficas Estella o Litografías Rosés. Según explicaba, cada imprenta destilaba un olor característico y reconocible en sus productos. Siendo sincero, me consta que, a la hora de emitir veredicto, complementaba su pericia nasal con la observación de pequeños detalles ocultos al profano: ausencia no no de cinta de lectura, características del papel, ensamblado de las guardas o tipo de retractilado.  Nada que restara mérito a su asombrosa capacidad para reconocer imprentas.

Alumno de la escuela Tajamar, José Vicente amaba como pocos el oficio de impresor. Una pasión que no se limitaba al trabajo, ya que las paredes de su vivienda de Rivas Vaciamadrid estaban repletas de grabados antiguos que recreaban el oficio.

A José Vicente y a mí nos unió el trabajo. También un jefe común que, por motivos diferentes, trató de arruinarnos la vida. Un tipo despreciable que no amaba a las artes gráficas; sólo se quería a sí mismo.

En mi caso no consiguió aplastarme por más empeño que puso; en el de José Vicente, aunque acusó más que yo el golpe,  quiero creer que tampoco. Por desgracia nunca llegaré a saberlo. Murió en un accidente de tráfico, hace ya veinte años.

Hoy, ante la inminente edición de mi libro, mientras agobio al editor preguntando chorradas como tipo de papel, gramaje, carteo o sentido de la fibra, no puedo dejar de pensar en mi amigo José Vicente Crespo, y en cuanto me habría gustado darle a oler “el enigma Recasens”. Seguro que, si no la imprenta, habría llegado a dar al menos con el tipo de máquina empleada.

Mi sincero recuerdo para él y para su familia, a la que no llegué a conocer en persona.

En cuanto al otro, al que sólo se quería a sí mimo, que le den.