La agenda luxemburguesa
Vuelvo de Luxemburgo trayendo buenos recuerdos, dos kilos de más y una esperanza renovada.
Los buenos recuerdos permanecerán; los kilos espero que no y la esperanza me ha movido a regresar a este blog y actualizar la página de presentación.
Tras casi tres años de espera, algo se está empezando a mover.
Conga
Curas, militares, monjitas, guardias civiles y respetables señoras con pinta de presidir mesas pepitorias, juntos -y quien sabe si al final revueltos tras tanto roce -cantando el «Viva España» mientras hacen la conga ante la virgen de Lourdes.
Y todo financiado con dinero público. ¡Alegría! Solo faltó una capea y matar una vaquilla como fin de fiesta.
O torear a un rojo. O linchar a un catalán. Metafóricamente hablando, claro.
En fin, esta es la España que los que mandan quieren. Una reserva espiritual de la caspa cuyas esencias tratan de perpetuar atacando a quienes no participan de la fiesta, ya sea porque desean irse o porque intentan convertir a este país en algo que no dé tanta vergüenza ajena.
Empezando por los propios guardias civiles que denunciaron estas imágenes.
PD: Que el franquismo sociológico no ha muerto lo demuestra que Berlanga sigue más vivo que nunca.
La corrida del constitucional

Magistrados del Constitucional viendo una corrida de toros
Hace unos días el tribunal constitucional invalidó la ley de igualdad catalana. Ahora pretenden obligarnos a restablecer las corridas de toros.
O sea, nos quieren machistas y psicópatas. Por las buenas o por las malas.
Nadie descarta que de aquí a dos días exijan también matarnos a vinos, soltar gargajos por las aceras, rascarnos los cojones por encima del pantalón, tatuarnos en el pecho la cabra de la legión o irnos de putas, en el supuesto de que, por cuestiones de género, no ejerzamos.
Lo peor es que el Tribunal Constitucional está convencido de que tales imposiciones preservan la esencia pura de los valores patrios, lo que evidencia qué clase de idea tienen del país en el que viven. Y de sus ciudadanos.
Se podría decir que las resoluciones del constitucional son maná para el secesionismo. Y es cierto, pero no sólo por el contenido de las sentencias sino por su empeño en perpetuar una imagen de España, folclórica e irreal, que alimenta también de tópicos el imaginario de buena parte del independentismo. Y es que en Catalunya no son pocos los que creen que, más allá del Ebro, España está poblada por una suerte de cromañones sin más deleite que ver lancear toros, llorar a Franco, (o a Aznar o a Felipe González) vivir sin trabajar y quebrarse la laringe cantando flamenquito.
Como si Catalunya fuera un territorio libre de caspa.
En estos tiempos de cultura de usar y tirar, en los que las ideas tienden a simplificarse hasta transformarse en arquetipos, alimentar estereotipos es peligrosísimo. Y hacer pedagogía para combatirlos casi imposible. Es por ello que, más allá del contenido específico de las sentencias, actuaciones como las del constitucional acaban siendo tan dañinas.
Gestionar la incertidumbre
Abrí este blog tiempo después de firmar contrato con la editorial, como una suerte de ejercicio al que me obligaba con objeto de sobrellevar unos temores e inseguridades que me iban a acompañar hasta ver la obra publicada.
Craso error.
Al mismo ritmo que aumentaba la incertidumbre, apoyada en señales cada vez objetivas, decaían mis ganas de compartirla con nadie. Así que dejé de escribir.
Hoy parece que las nubes se disipan. Y es un sincero alivio, aunque el paisaje que vislumbro me sitúa a un paso del peor escenario de los que en su día imaginé. Pero al menos empiezo saber a qué atenerme y en cuanto vuelva a componer la situación, decidiré.
Nunca me han faltado arrestos para remontar desde cero, ni reinventarme, ni mutar. Sin embargo, me reconozco incapaz de gestionar la incertidumbre.
Recomendaciones Sant Jordi 2016. Esa puta tan distinguida de Juan Marsé

Esa puta tan distinguida, el nuevo libro de Juan Marsé
Inicio esta serie de recomendaciones para Sant Jordi 2016 con un un autor imprescindible, Juan Marsé, cuya nueva novela Esa puta tan distinguida verá la luz en las librerías el próximo día siete de abril.
Escribir sobre Juan Marsé resulta innecesario. Obras como Últimas tardes con Teresa, Si te dicen que caí, La oscura historia de la prima Montse, El embrujo de Shangai, Ronda del Guinardó, Teniente Bravo, El amante bilingüe o tantas otras hablan por sí solas.
Por tanto no me extenderé.
SI ya conocen el imaginario de Juan Marsé, seguro que no necesitan que yo les diga que corran a la librería a comprarlo. O que lo exijan a sus respectivas parejas para Sant Jordi, amenazando con el despecho, el divorcio o unos grandes cuernos caso de no hacerlo.
Ademas, la trama de esta nueva obra no defraudará a los seguidores del creador de pijoaparte. Juzguen
Los expedientes hablan claro: hubo un crimen, una víctima y un asesino. Fermín, reo confieso, recuerda muy bien cómo estranguló a su querida Carol con un cinta de celuloide, pero ya no sabe …
Y si aún no conocen al escritor barcelonés les invito a que lo descubran a través de este libro. Una recomendación que a priori podría antojarse peligrosa, ya que aún no lo he leído. Pero hablando de Marsé, sé que juego sobre seguro.
Rompiendo tópicos de escritor (parte 2)
Tópico nº 2: “Todos los personajes del libro son hijos míos y a todos quiero por igual”
El tópico entre los tópicos. Pues bien, ya les gustaría: Algunos personajes de mi novela son unos auténticos hijos de mala madre, seres indeseables y sin escrúpulos que tendrán bien merecido cuanto les pueda ocurrir de malo.
Es más, ya me encargaré yo de hacerles pagar por sus fechorías.
Soy mucho más indulgente con otros. En el libro encontraremos algunos hombres y mujeres que, marcados por su historia, parecen abocados a la fatalidad. Y aunque cabe precaverse de ellos, no puedo juzgarlos con la misma severidad que aquellos que ya nacieron siendo unos cabronazos.
Por último, reconozco mi debilidad, a todas luces irracional, por los tipos más histriónicos que han dejado su impronta en el relato. Desde quienes provocan vergüenza ajena hasta aquellos que, por decoro, prefiero no calificar.
Como conclusión, confieso que mi baremo afectivo no depende tanto del rol de los personajes en la historia (el bueno, el malo, la chica…), sino del trabajo invertido en pulirlos hasta dotarlos de una personalidad propia. Cuanto más humanos, o sea, creíbles y coherentes en su imperfección, más orgulloso me siento de ellos.
¿Significa esto una contradicción con lo expresado al principio de esta entrada? En absoluto. Aunque los buenos despiertan más afecto que los malos, los malos pueden ser mucho más divertidos que los buenos.
La caída de los dioses
Hoy sólo puedo estar con un Dios. El que implora la pobre gente que ha perdido un ser querido. Pero maldigo a otros, a esos que consienten que se mate a inocentes invocando su nombre, por sagrado que éste sea.
Rompiendo tópicos de escritor (parte 1)
Tópico nº 1. “Hay parte de mí en todos los personajes de mi libro”.
Mentira. Yo no tengo nada de acosador, ni de putero, ni soy un corrupto. Os aseguro que jamás he matado a nadie, ni he ordenado ejecuciones.
Salvo sorpresa mayúscula por mi parte, no soy depositario de ningún gran secreto familiar.
Tampoco uso minifaldas, ni sé caminar sobre tacones de aguja, ni, hasta donde intuyo, los hombres pierden la cabeza por mí.
No trato de sobrevivir sobre las cenizas ya esparcidas de una vida anterior, ni doy la espalda a la gente que quiero, ni me esfuerzo por construir defensas emocionales y encerrarlas en una burbuja.
Además, no tengo ni idea de tocar la flauta travesera.
Radio Nights
Un locutor de radio susurrando a un micrófono, de madrugada, desde una desconocida emisora. Fantaseando con lo que pudo ser y no fue. Recordando antiguos amores y desamores. Recomponiendo imágenes de un tiempo ya perdido. Sincerándose ante las las ondas sabiendo que, con toda probabilidad, no le escuchará nadie. Aunque ¿quien sabe? quizá alegre la noche la noche a algún conductor solitario mientras atraviesa la ciudad.
«Bajo la voz, cálida y envolvente, la música de Steely Dan»
Todos tenemos imágenes recurrentes en nuestro imaginario y ésta, la de un lobo solitario aullando a la noche a través de las ondas, es una de las que siempre me sugieren. Cuando la recogí en uno de mis relatos, había algo de homenaje en su inclusión.
Pues bien, escribir en este blog me produce un sensación similar. La de sincerarme ante el ciberespacio sabiendo que, entre la enormidad de información que se crea y se destruye a cada instante en Internet, cuanto diga a través de esta humilde bitácora quedará para mí. O para mis más allegados.
Una sensación que me encanta.
Porque lo que digo no es útil, ni está estructurado, ni indexado, ni es noticia ni suscita el interés general. Lo escribo porque me da la gana. Aunque, al igual que mi locutor de radio, tampoco renuncio a confortar a alguna alma solitaria a la que el azar -o la falta de precisión en sus términos de búsqueda- haya hecho recalar hasta aquí.
Si es tu caso, te doy la bienvenida. Y te regalo “Aja” de Steely Dan.
Mi curiosa relación con las drogas
Toda mi experiencia con las drogas se limita a unos cuantos porros fumados en mi juventud, liados siempre entre los dedos de otros y cargados con un costo que nunca compré yo. Pobre palmarés para un chaval que pasó su adolescencia y juventud a caballo -sin segundas- entre la década de los 70 y los 80. En la actualidad la única droga legal que aún me atrae -y mucho- es el vino, al que acudo de forma esporádica, más como un placer para los sentidos que como vía de evasión. Una pasión a la que además puedo dar alas en momentos puntuales, según qué beba y con quien lo haga.
Entiendo que, para algunos, tal bisoñez en materia de estupefacientes me sitúa de forma directa en la categoría de «pringao» o «tontolculo». Pienso en los personajes de Carlos Zanón, cuyo excelente libro Yo fui Johnny Thunders acabo de leer. La verdad, me importa bien poco. Y menos, sabiendo qué obtuvieron a cambio tantos y tantas que, de forma inducida o no, acabaron transitando por el lado salvaje de la vida. Lou Reed ya no podrá pedir perdón a nadie pero alguien debería hacerlo en su nombre.
Sin embargo, reconozco que hay una droga que sí me hubiera gustado probar: el LSD.
Alucinar, abrir la mente, flipar en colores, escapar de la realidad o transportarme a mundos nuevos.son conceptos que, al menos sobre el papel, resultan seductores y que nunca he experimentado. En su momento me negué tanto por mi rechazo general a las drogas como por miedo a descubrir gracias al LSD partes ocultas de mí mismo que quizá no me gustaría conocer. Ahora, amén de todos estos argumentos, se suma la evidencia de que ya no tengo ni cuerpo ni voluntad para esta clase de aventuras.
Pues bien, acabo de pasar un episodio de gripe que me ha mantenido en cama a 38,5 de fiebre y creo haber experimentado síntomas similares: Y no hablo sólo de sudores y escalofríos. Me refiero a imágenes proyectadas sin control mientras una música, tan perfecta como desconocida, se repetía hasta la saciedad en la cabeza. Un tiovivo en perpetuo giro sobre el que mi cerebro, actuando por libre, se empeñaba en plantearme una y otra vez un enigma vital cuya imposible resolución hubiera aclarado la organización esencial del cosmos.
Durante toda una noche me he sentido como si tuviera que tirar de mí mismo para retener la cordura, mientras mi mente se empeñaba en arrastrarme en sentido contrario.
No sé si estos delirios se asemejan en algo a un viaje lisérgico. En todo caso, la experiencia ha sido tan espantosa que no me ha quedado la menor gana de repetirla. El año que viene me vacuno.
Lo dicho, ya no tiene uno el cuerpo para verbenas.

