El enigma Recasens.
Tras el último -e imprevisto- retraso en el lanzamiento del libro, decidí no volver a hablar de él hasta estar seguro que que no habría más contratiempos. Perdonad este silencio, impuesto por la prudencia y mil temores íntimos.
Por fin puedo anunciaros que El Enigma Recasens estará en las librerías a partir del próximo 13 de marzo.
Encantado de reencontraros. Os dejo con la portada.
la importancia de la portada en un libro.
La portada es el principal reclamo de un libro. Cuando hablamos de autores poco conocidos, de ella dependerá , casi en exclusiva, la responsabilidad de atraer la atención del lector.
Como es lógico, una buena portada no es sinónimo de éxito. En tal caso, los editores se gastarían la pasta en fichar a diseñadores gráficos y no a escritores. Pero sí resulta esencial para destacar de entre el resto de obras con las que comparte espacio en la librería. Otras características también aportan mucha información: editorial, número de páginas, diseño de la colección y, claro está, el texto de cinta y contraportada. Pero para transmitirla, es necesario que el lector potencial haya decidido ya tomar el libro entre sus manos. Un acto que, a falta de un nombre conocido que actúe como vocero, recaerá en la portada.
En breve os mostraré en exclusiva la portada de «El enigma Recasens»
Debo reconocer que me siento muy satisfecho con la imagen que ofrecerá el libro. Desde su sencillez, creo que ha sabido transmitir la atmósfera de la novela.
Espero que os guste. En todo caso me encantará conocer vuestra opinión.
PS. Para quien quiera saber más sobre qué hacer y qué no hacer en una portada, dejo enlace a este estupendo artículo.
Libros que huelen
Han sido varias las personas que, a lo largo de mi vida, lograron contagiarme su pasión por las artes gráficas. Pero ninguna como José VIcente Crespo, un tipo capaz de oler un libro y reconocer su imprenta.
No es ninguna exageración. José Vicente acercaba un libro nuevo a su experta nariz y sabía decirte si había salido de las entrañas de Printer, Cayfosa, Gráficas Estella o Litografías Rosés. Según explicaba, cada imprenta destilaba un olor característico y reconocible en sus productos. Siendo sincero, me consta que, a la hora de emitir veredicto, complementaba su pericia nasal con la observación de pequeños detalles ocultos al profano: ausencia no no de cinta de lectura, características del papel, ensamblado de las guardas o tipo de retractilado. Nada que restara mérito a su asombrosa capacidad para reconocer imprentas.
Alumno de la escuela Tajamar, José Vicente amaba como pocos el oficio de impresor. Una pasión que no se limitaba al trabajo, ya que las paredes de su vivienda de Rivas Vaciamadrid estaban repletas de grabados antiguos que recreaban el oficio.
A José Vicente y a mí nos unió el trabajo. También un jefe común que, por motivos diferentes, trató de arruinarnos la vida. Un tipo despreciable que no amaba a las artes gráficas; sólo se quería a sí mismo.
En mi caso no consiguió aplastarme por más empeño que puso; en el de José Vicente, aunque acusó más que yo el golpe, quiero creer que tampoco. Por desgracia nunca llegaré a saberlo. Murió en un accidente de tráfico, hace ya veinte años.
Hoy, ante la inminente edición de mi libro, mientras agobio al editor preguntando chorradas como tipo de papel, gramaje, carteo o sentido de la fibra, no puedo dejar de pensar en mi amigo José Vicente Crespo, y en cuanto me habría gustado darle a oler «el enigma Recasens». Seguro que, si no la imprenta, habría llegado a dar al menos con el tipo de máquina empleada.
Mi sincero recuerdo para él y para su familia, a la que no llegué a conocer en persona.
En cuanto al otro, al que sólo se quería a sí mimo, que le den.
El Enigma Recasens.
Tras una difícil decisión, el título escogido para el libro es El Enigma Recasens.
Al final se ha impuesto el criterio de la mayoría, Eso sí, los partidarios de La Hora del Depredador no resultaréis defraudados. Y es que en el libro se habla y mucho de Los Depredadores. Así, en plural.
Ayer presenté la ultimísima revisión (la «n» elevada al cuadrado, creo) que ya debería ser definitiva.
En el capítulo de agradecimientos, como prometí, incluí a Carlos Ferrero (quien, por cierto, no ha dado señales de vida)…
…¡Y al resto de participantes!
En efecto, todos quienes expresasteis vuestra opinión seréis mencionados en la obra. Y es que vuestro apoyo no merecía menos.
Eso si, sólo Carlos tendrá el ejemplar gratis (si responde al correo que le envié, claro)
Gracias por vuestro apoyo. ¡Estad atentos a las próximas noticias!
El ganador ya. Y el título del libro, el 3 de septiembre
Hola, os confirmo que el libro ya tiene título y que éste se ha consensuado ya con mi editor, teniendo en cuenta vuestras opiniones. Sin embargo, no se hará público a partir del día 3 de septiembre.
El motivo es que a partir de él iniciaremos algunas acciones de visibilidad que no vale la pena arrancar en un mes como agosto.
Lo que sí puedo confirmar ya es el nombre del ganador del concurso. Y el agraciado es…
Carlos Ferrero.
Felicidades al ganador. Recuerda que recibirás gratis un ejemplar dedicado del libro (cuando salga) y que tu nombre se citará en el capítulo de agradecimientos.
Por lo demás, este mes será de poca actividad. Agosto es un mes para aplicarse a las vacaciones, y en ello estoy. De hecho, escribo desde el marco en que un conocido escritor, que ya cité en este cuento, ambienta todas sus novelas.
¿Una pista? Me estoy atiborrando a ostras.
¿Me ayudáis a poner título al libro?
Mi libro está en la fase final de correcciones… y aún no tiene título.
Como las opiniones están divididas , os pido vuestra ayuda. Tras una intensa criba las dos opciones finalistas son:
-El enigma Recasens
-La suerte del depredador.
¿Cual os gusta más? Por favor, indicádmelo. Podéis hacerlo en el blog (preferible) o en Facebook, en el post de la entrada.
Para agradecer vuestra colaboración, de entre quienes respondáis (con independencia de la opción que elijáis), una mano inocente seleccionará a un ganador.
La afortunada o afortunado dispondrá de dos privilegios:
-Recibirá un ejemplar dedicado.
-Su nombre aparecerá en la edición impresa, agradeciendo su colaboración.
Recordad que se trata de un referéndum no vinculante. Pero vuestra opinión ayudará mucho a la hora de tomar una decisión.
Reconozco que las bases de este concurso no resisten el menor rigor notarial. Pero prometo ser legal
Tenéis de tiempo hasta el miércoles 15 de agosto (incluído)
¡Gracias y mucha suerte!
PD: No olvidéis incluir el correo electrónico al hacer el comentario. Sólo se usará para contactar con el ganador.
El argumento de la novela. Aclaración
Tras la avalancha de súplicas, algunas angustiadas, de muchos de vosotros para que aclare el argumento de la novela, deseo confirmaros que…
¡Mi novela no hablará del procés!
Pero vamos, ni media palabra.
Podréis asomaros a ella sin peligro.
El vendedor de enciclopedias
Hace pocos días leí en el blog Notas para lectores curiosos un interesante artículo en el que su autora lamentaba del fin de las enciclopedias de papel. Una agonía inexorable que, razoné, también ha comportado la extinción de un venerable oficio: el de vendedor de enciclopedias.
Tenté suerte en el arte del puerta a puerta hace cuarenta y un años. Sólo duré tres días ejerciendo el oficio. Pero en ese tiempo conseguí cuatro socios para Xarxa Cultural, una alternativa en catalán a Círculo de Lectores (o su competencia Discolibro ¿alguien la recuerda?) que comercializaba también la Gran Enciclopedia Catalana. Todo un logro para alguien como yo que, en aquellos años, no hablaba ni una palabra en la lengua de Pompeu. Y un ejemplo de integración por parte de mis suscriptores, familias humildes castellano-parlantes de Bellvitge y el barrio del Congreso.
Claro que estos logros no eran nada comparados a los que consiguió un amigo mío. Jordi Oliver era un hacha en la venta domiciliaria que llegó a desarrollar incluso un método propio. Su sistema, galardonado por la editorial para la que trabajaba, se basaba en el más puro sentido común: perder poco tiempo con quien no te compra y centrarte en el cliente predispuesto. Según Jordi, a quien lograbas vender una primera colección, podías colocarle a continuación lo que fuera. Y en la misma visita. Jordi fue un precursor de las ventas cruzadas.
Por desgracia, este mundillo no estaba exento de picaresca. En una ocasión me topé con un tipo interesado en captar suscriptores para una enciclopedia. Su idea era usar maiings, que deseaba contratar conmigo. Una iniciativa loable, salvo por un par de problemas. De entrada, de la supuesta obra no existía más que un folleto promocional. No se había impreso ni un libro. Tampoco pensaba pagarme los mailings, al menos de inicio. Su plan era fácil. Conseguir una cantidad suficiente de suscriptores que le permitiera costear mis gastos y la edición del primer tomo. A partir de ahí, a buscarse de nuevo la vida hasta lograr publicar el segundo. Y después el siguiente. Y el otro. La enciclopedia, cuya temática ya olvidé, tenía una previsión de veinte volúmenes.
Aún recuerdo a aquel tipo, exponiéndome su proyecto con toda seriedad. Había trasladado el despacho a su vivienda, pues le habían embargado la oficina. Ocupaba una habitación tan minúscula que tenía que saltar por encima de la mesa para acceder a su sillón. Decliné el trato con todo cariño y le recomendé que considerara hacer un par de retoques a su plan. Los suficientes como para no acabar en la trena. Nunca volví a saber de él. Espero que me hiciera caso.
Sea por cambio de hábito de los compradores o por la maldita Wikipedia el oficio de vendedor de enciclopedias ha muerto. Se ha quedado sin materia prima. Vaya desde aquí mi pequeño homenaje a este gremio que, por solidaridad, deseo hacer extensivo a todos los profesionales del puerta a puerta. Desde los vendedores de Avón o Tuperware hasta los legendarios cobradores de «los muertos».
Podar una novela
Corregir un texto es como podar una planta.
Lo primero es sanear. Arrancar de cuajo adjetivos machacones, adverbios repetitivos o interjecciones recurrentes, capaces de afectar a la salud del libro. Por no hablar de gazapos, erratas, faltas de ortografía u otras plagas que puedan haberse adherido a él.
Después toca recortar. Se trata de moldear el conjunto con sumo cuidado para que, sin que pierda su esencia, logre expresar todas sus cualidades.
Reconozco que soy un fiera eliminando malas hierbas ortográficas y gramaticales. Y que, aunque me lo pienso más a la hora de dar la forma última la texto, tampoco me tiembla el pulso cuando toca pasar la tijera.
La última revisión del libro recortó 12 páginas a la versión previa. La actual promete ser aún más drástica. Las imágenes hablan por sí mismas.
¡Como siga adelgazando el contenido al final me voy a quedar con un relato breve!









